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viernes, 2 de noviembre de 2012

Granados Chapa, voluntad verdad y razón


Por Néstor Ramírez
Desde el primer semestre, los estudiantes que actualmente cursamos el quinto semestre de la carrera en Comunicación y Periodismo, nos han dicho nuestros profesores  constantemente que el periodista debe ser lo más imparcial, decir la verdad, no dejarnos intimidar y muchas otras características más. Sin embargo, en la práctica  y en el mundo laboral vemos frecuentemente casos en los cuales se transgrede la denominada ética periodística, la cual señala, entre tantas cosas, que el periodista no escribe para sí mismo, sino para su público.
El siglo XX se caracterizó por ser un tiempo en el cual los medios de comunicación apoyaban al gobierno y, por ende, no se atrevían a cuestionar sus acciones. Fue así como el Estado ofrecía las concesiones, la publicidad, el papel, e inclusive otorgaba a los periodistas el denominado "chayote". Por otro lado, el grito de "prensa vendida" se escuchaba entre las calles y paredes por las que la gente marchaba, mas no todos los periodistas eran así. El ejemplo más claro de esa rectitud y veracidad que tanto exigía y necesitaba la sociedad mexicana era Don Miguel A. Granados Chapa.
Lo que aconteció en el siglo pasado no es exclusivo, hoy en pleno siglo  XXI aún existen periodistas y medios de comunicación que continúan manteniendo y/o creando nuevos lazos con políticos, como hablar en favor de ellos, de exaltar ciertas acciones que realizan en los estados de la República Mexicana; pero otros también ocultar la realidad que padecen lugares del norte, sur y occidente del país. Aún, los medios y periodistas reciban ciertas "recompensas" como dinero, mujeres, viajes, automóviles último modelo, etc. Sin embargo, Granados Chapa en ningún momento de su vida, fuese el siglo XX o XXI, habló en favor de un político ni ocultó las fechorías de la gente en el poder. Ejemplo de ello se dio en una de las acusaciones más conocidas realizada contra el ex presidente de México, José López Portillo, cuando Granados Chapa a través de su columna Plaza Pública que se publicaba en el periódico Unomasuno, señaló que López Portillo había recibido un rancho en Tenancingo, Estado de México, por parte de unos políticos, entre los que se comentaba que figuraba “El profesor” Hank González. En el remate de esa columna, Miguel Ángel escribió que el presidente, por los valores que tenía, no iba a aceptar tal regalo. Sus compañeros pensaban que el gobierno iba a tomar represalias contra él o contra el periódico, puesto que en aquellos días la figura del presidente tenía mucho poder y era intocable; no obstante, al día siguiente, comenta en un documental Humberto Mussacchio, el periódico recibió una carta por parte del mismo presidente en la cual López Portillo le contestaba a Granados Chapa que sí iba a aceptar esos terrenos puesto que un ex presidente en México no era nadie y lo único que él quería era pasar bien sus últimos días en ese lugar.
Además, el caso más conflictivo sucedió el 23 de enero de 2011 cuando a través de Plaza Pública, Granados Chapa reveló información acerca de una reunión secreta que habían tenido los dueños del denominado “duopolio televisivo” en donde se habló sobre la unión Iusacell-Televisa. Como eso dañaba directamente los intereses y planes que tenían las televisoras, sin mencionar que eso hubiera desatado un gran problema para los dueños de los consorcios en Wall Street, ese mismo día Azcárraga y Salinas enviaron cartas al periódico Reforma en donde manifestaron que dicha información era falsa y exigían que el periodista se disculpara. Al día siguiente, don Miguel Ángel escribió que el error fue haber publicado una exclusiva que le había llegado y que no había indagado la información que su fuente confidencial y de confianza le había otorgado. Sin embargo,  el 7 de abril de 2011, se reveló que sí iba a haber unión y, a través de un Tweet de la cuenta @RicardoBSalinas, se escribió la falacia que Granados Chapa había sido el ideólogo y padrino de la alianza a través de la columna del 23 de agosto.
La ética en Granados Chapa es una de las tantas cosas que el maestro del periodismo ha dejado como herencia a las nuevas generaciones de periodistas. Ya fuese como subdirector o desde su Plaza Pública, Granados Chapa nos demostraba esa rectitud, inteligencia, veracidad y amabilidad que tanto lo definían  como periodista, así como ser humano.
Miguel Ángel Ramírez, periodista de La Jornada, comentó que cuando él estaba realizando su investigación sobre el tema de “los cachirules” (últimos años de los 80 y primeros de los 90), Granados Chapa le telefoneó diciéndole que él no se preocupara, que hiciera su deber y que su trabajo no dependería de lo que los demás dijeran. Entendiéndose “los demás” como los políticos y los empresarios, pues como pasa frecuentemente en los medios, cuando se habla mal de sus intereses, se obliga a los dueños de los medios de comunicación que despidan al reportero que publica tal información e inclusive, en algunos casos, se les cierran las puertas en otras empresas informativas.
Granados Chapa fue discípulo de uno de los columnistas más reconocidos de la segunda mitad del siglo XX en México: Manuel Buendía. Don Miguel llegó a la Ciudad de México en el año de 1960 para estudiar derecho y  periodismo simultáneamente. Cuatro años más tarde, inició su carrera periodística en el semanario Crucero, de don Manuel. Momento crucial para él y muy aleccionador para todos los que estudiamos periodismo. Crucero contaba con sólo dos reporteros y ellos tenían que cumplir  todas las órdenes de trabajo que Buendía les mandaba, incluso, con aquellas que no se tenía conocimiento, puesto que la redacción era mínima, no se podía dar espacio para un perfeccionamiento en alguna área. Miguel Ángel contó una anécdota cuando tuvo que hacer un reportaje sobre la tauromaquia. Él ignoraba ese tema, así que tuvo que recurrir a diversos medios para informarse, aprender reglas y características de dichos eventos para poder hacer las entrevistas correspondientes y todo eso en cuestión de horas.
Pasó  por el periódico Excélsior y el semanario Proceso, Granados Chapa quiso probar su habilidad periodística, por lo que el año de 1977 comenzó a escribir la columna Plaza Pública para una publicación llamada Cine Mundial, en la cual defendió la libertad de expresión y el acceso a la información desde sus inicios. Su columna recibió ese nombre debido a que, según sus mismas palabras, “(…) evoca la idea del espacio que todos recorremos (…) la bauticé de ese modo en contravención de las prácticas periodísticas que aspiran a compartir el secreto con los políticos. Aquí no hay secretos, la política es un asunto de todos y en consecuencia tiene que ser abordada por todos en un espacio abierto al que todos tengan acceso”. 
Granados Chapa decía con firmeza y convicción que "nunca escriba o diga algo de una persona que no se le pueda decir en la cara", y él siempre lo sostuvo cuando hablaba sobre algún político. En sus columnas abordó a diferentes personas de la esfera política, de pre-candidatos y candidatos a la presidencia de la República. Como todo buen columnista, Granados Chapa informaba y orientaba a sus lectores a través del análisis crítico y el discurso argumentativo. Él, aparte de ocuparse de la Plaza Pública, ayudaba a otros periodistas que comenzaban a escribir columnas y prólogos para libros de carácter periodístico. El caso más sonado y problemático fue el libro del periodista cultural Alfredo Rivera Flores, Sosa nostra, en el que él escribió el prólogo. En este reportaje se denunciaba la historia de la Universidad de Hidalgo; sin embargo, el precandidato a la gubernatura de Hidalgo sintió que afectaba sus intereses y demandó  a todos los que habían trabajado en la elaboración del libro. No obstante, Granados Chapa luchó en este caso de mano de la abogada Perla Gómez y el fallo fue en favor del grupo editorial.

       Ha pasado un año que el maestro Miguel Ángel Granados Chapa partió de este mundo. Seguramente muchas cosas nos revelaría en estos momentos tan difíciles en la vida nacional; sin embargo, la principal lección que él nos heredó a todos, es no tener miedo a pesar de lo que acontece día tras día. El temor a la situación política, económica y social no nos debe detener, él dijo en su última Plaza pública: “Es deseable que el espíritu impulse a la música y otras artes y ciencias, y otras formas de hacer que renazca la vida, permitan a nuestro país escapar de la pudrición que no es destino inexorable. Sé que es un deseo pueril, ingenuo, pero en él creo, pues he visto que esa mutación se concrete”.






Ponencia realizada el 26 de octubre de 2012 en las instalaciones de la Facultad de Estudios Superiores Aragón en el "Homenaje a Granados Chapa. Análisis y Reflexión sobre la Situación del periodismo en México y los Retos que Enfrenta". 

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